Por qué he creado Sellat (y por qué ahora sí importa)
Hay una sensación rara que cada vez más creadores están empezando a notar.
Antes, cuando alguien te copiaba, al menos costaba un poco. Ahora no. Con la inteligencia artificial, cualquiera puede generar un texto, una imagen, un estilo o una idea que se parece peligrosamente a lo que tú has hecho… y hacerlo en cuestión de minutos. Y lo peor no es solo que te copien. Lo peor es que, cuando llega el momento de demostrar que tú lo hiciste antes, casi nadie tiene una prueba real.
Un correo que te enviaste a ti mismo no sirve. Una captura de pantalla tampoco. Los metadatos se pueden borrar o modificar. Y decir “yo lo tenía antes” se convierte en palabra contra palabra.
Eso es exactamente lo que me llevó a crear Sellat.
No quería montar otro servicio de “notarización blockchain” lleno de humo. Quería algo sencillo: poder demostrar que un archivo concreto existía en una fecha concreta, y que no se ha modificado desde entonces. Ni más, ni menos.
Sellat hace eso. Calcula la huella digital de tu archivo, la registra de forma verificable y te da una prueba que cualquiera puede comprobar más adelante. Sin necesidad de entender blockchain. Sin tener que confiar ciegamente en una empresa. Y con la opción de añadir un sello de tiempo cualificado eIDAS cuando realmente importa.
No pretende sustituir a un notario ni demostrar la autoría de nada. Solo demuestra una cosa: que esa versión exacta del archivo existía en ese momento.
En una época en la que copiar es más fácil que nunca, tener esa prueba empieza a dejar de ser algo “interesante” para convertirse en algo útil. Especialmente para quien crea, entrega trabajo a clientes, documenta el estado de algo o simplemente quiere poder demostrar que lo suyo existía antes de que apareciera una versión parecida.
Esa es la razón por la que existe Sellat.